Unos pocos hacen un mucho por los refugiados

Esta ha sido la semana de Aylan, la de la imagen que ha removido conciencias o, al menos, algunas sobre la situación de los refugiados que llegan a Europa. Desde que vi la foto del niño sirio en la orilla de una playa de Turquía no he podido dejar de imaginarme que bien podía ser

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Entre música y periodismo con Ramón Lobo

Todo empezó con una canción de Zaz que Ramón Lobo colgaba en su blog. Ese Je veux lleno de energía y positivismo fue la primera de muchas recomendaciones que me han hecho descubrir otras músicas en los últimos tiempos. Desde ese momento, ya no sólo me fijo en sus palabras, de las que ya sabéis que soy muy fan, por lo bien que describe emociones, por su claridad, por su implicación con la realidad, por sus denuncias, por su indignación… Y desde ese momento pensé que me encantaría hablar con él de música.

Después de unos cuantos mensajes por redes sociales y varios mails, por fin pudimos hablar por teléfono, en una conversación en la que también tratamos un poco de periodismo, radio y educación. Y esto fue lo que me contó Ramón Lobo sobre su relación con la música.

A sus 60 años, este periodista que podría darnos muchas lecciones de historia sobre conflictos internacionales se define como “un producto cultural de España, lleno de carencias, que ha llenado con literatura y música pero sin guías, saltando de una cosa a otra, de un libro a otro, de un artista o género a otro, sin pautas”. Porque “la música en este país se enseña muy mal, no se enseña a disfrutarla”. Por eso, aunque le gustan el flamenco y el jazz, le cuestan un poco más porque no los entiende.

De hecho, se arrepiente de no haber disfrutado de oportunidades como la que tuvo de escuchar a los mejores, cuando trabajaba en Radio 80 y fue a uno de los primeros festivales Jazz Madrid. Dice que le falta oído y tener maestros como el que tuvo en su estancia en Washington. Allí conoció al pianista Pedro Carbonell, que impartía y recibía clases de música. Con él Ramón descubrió el esfuerzo de tocar, ya que implica interpretar, y con él aprendió a escuchar mejor, aunque reconoce que lo suyo con la música es más picoteo.

Así, ahora picotea con Silvia Pérez Cruz, que “tiene una fantástica voz, que le llega”. La descubrió por casualidad, buscando versiones de otra canción y se llevó una sorpresa.

Como con Ska-p o Boikot, buenos músicos a los que no había escuchado bien, a pesar del tiempo que llevan trabajando. A ellos llegó a través de recomendaciones y de amigos, aunque tiene otras fuentes de inspiración, como el blog del Premio Nobel de Economía Paul Krugman, que también cuelga música de vez en cuando.

Porque la música para Ramón Lobo también es inspiración. Siempre busca artistas y canciones relacionadas con el tema sobre el que tiene que escribir, ya sea para los Tipos Inquietantes de Eldiario.es, El Periódico o la revista Tinta Libre. Él escribe con la música: “el vehículo para dejar de escuchar, incluso la propia música, para meterse en sí mismo”. Y ella es la que le sirve también para hablar de la actualidad internacional en el programa de La SER A vivir que son dos días, el mejor magazine de radio que se puede escuchar ahora mismo.

Así llega a artistas como el portugués Xosé Alfonso.

Aunque no quiero terminar esta conversación con él, sino con una cantante que acabo de descubrir, Natalie Prass, porque cuando la escuché me emocionó y me recordó esta charla. Además de que que ha sido con ella con quien he escrito estas líneas.

 

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Para un fin de año bonito

Sigo con mis dudas de cómo mantener este pequeño espacio pero hoy tenía claro que quería despedir el año con algo bonito. Y qué mejor que con música que “se rompe de bonita” 😉 Así que aquí va una pequeña selección de canciones que este año me han puesto los pelos de punta en algún momento.

Empiezo por The lower you fall de I am Dive, porque cuando la escuché por primera vez hace poco más de un mes, me dejó paralizada por su sentimiento. Quizá te parezca triste pero a mi me parece taaaan bonita 😉

También hace muy poco he descubierto a Soak y su B A Nobody, que dejó maravillada cuando la escuché, cómo no, en Hoy Empieza Todo de Radio 3.

Es aquí donde pensé pero cómo se puede hacer algo tan bonito, gracias a este A little lost de Sufjan Stevens.

Otro programa que me descubre mucha música que merece la pena y que me trae a la memoria antiguas canciones que tenía perdidas en el recuerdo es 6×3 y su club de la guitarra. Hace poco me trajo de nuevo a los oídos el 1979 de Smashing Pumpkins y guauuuuu cuando volví a escuchar sus primeros acordes…

De otro estilo es Talking Backwards de Real State, que es de esas canciones agradables que te sacan una sonrisa 😉

Por último y siguiendo con canciones agradables os dejo una para algo más que para sonreír, para reír y bailar, que es como hay que acabar este 2014. Y es que un simple comentario en Twitter me hizo descubrir a Scott Bradlee & Postmodern Jukebox, que por cierto acabo de descubrir que viene a España en febrero 😉

Ahora ya a por 2015 😉 ¡Feliz Año Nuevo!

 

 

 

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Amor y una mierda

Que el amor no es eterno lo sabemos tod@s. Pero ¿qué pasa cuándo se acaba? ¿dónde se va? Y no me refiero a cuando se pasa el enamoramiento primero, sino a cuando termina el amor de después, ese que es cariño, confianza, amistad, seguridad…

Hay quien continúa sus relaciones porque no sabe o no quiere estar sol@, hay quien deja que todo se marchite hasta que un día explota y hay quien es valiente y decide no seguir para evitar más daños. Pero en todos los casos, una cosa es segura y es que al final siempre se termina echando en cara al otro lo que sientes. ¿Por qué? ¿Por qué seguir haciendo daño a alguien a quien has querido tanto? Buena pregunta pero lástima que no tenga una respuesta.

La primera vez que me enamoré y se acabó, como cualquier tía romántica que se precie, me dije, no volveré enamorarme jamás. Pero volvió a ocurrir y más de una vez. Estas cosas pasan y un día me convencí de que si llegaba, yo no podía evitarlo. Es guay pero ya no confío en que los daños de después, los que se pueden evitar (palabras, gestos, mensajes…), no sean demasiado para mandarlo todo a la mierda.

Menos mal que no todo el mundo piensa como yo, aunque estas canciones que os dejo hoy, me demuestran que no soy la única 😉

 

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La emoción pintada en un cuadro

Modigliani_Esther  VillanuevaCuando parecía que ya lo siguiente esperaba al final del pasillo, donde destacaba un Picasso brillante, a la vuelta de la esquina, en un rincón casi escondido e iluminado como si estuviera en una cita romántica, apareció él. Era El Violonchelista de Amadeo Modigliani, el cuadro que me ha emocionado en la visita a la Colección Abelló, que puede verse hasta marzo en el Palacio de Telecomunicaciones de Madrid.

Y tanto me ha enamorado, que he tenido que ponerme a escribir para compartirlo 😉

Justo al cambiar de una sala a otra, los ojos se me han ido hacia donde esperaba él, tan tranquilo detrás de un cristal. Y ahí, frente a ese músico, me he quedado un buen rato parada, contemplándolo. No he sido la única, una pareja valenciana se paraba junto a mí y coincidíamos en lo maravilloso del cuadro, de la emoción y el sentimiento que transmitía y que se notaba como si fuera real. Por un momento, me he visto sentada en una pequeña habitación, escuchándolo tocar… Me pregunto cómo se puede pintar tan bien un sentimiento como el del violonchelista tocando su música. Simplemente increíble que un cuadro transmita tantas emociones, que el arte se convierta en un refugio tan espectacular.

Sin duda, sólo esta obra merece una visita a la exposición, aunque sería injusto no hablar de otras de Degas, Picasso, Juan Gris o Francis Bacon que hacen que te mueras de envidia de una familia que se rodeó de tanta belleza. Así que no te lo pierdas y ya me contarás cuál ha sido el cuadro o dibujo que más te ha gustado.

Por último, todo esto se merece algo tan dulce como este The lower you fall de I am Dive…

 

Ni un día por perdido

Hubo un tiempo (ni que esto fuera un tratado de Historia) en que me hundí en lo más oscuro de mí misma. Estaba enganchada a una emoción y era incapaz de salir de ahí. Pero un buen amigo me convenció de que nunca debía dar un día por perdido. Había que remontar fuera como fuera.

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Otoños de cristal y retiro

Un día cualquiera de otoño, gris y lluvioso. No es un día frío pero es de esos de sillón, mantita y tele. Sin embargo, yo prefiero pasear, andar y respirar, mientras siento el aire en la cara. Porque, como dice Ramón Lobo, “este otoño se me ha enredado en los pies”. Sí, se me ha

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