Gestión de equipos, cuestión de personas

Un día, de repente, dejé de ser la pequeña del equipo en las redacciones y empecé a ser la responsable de trabajos y personas en agencias y departamentos de comunicación. Los años de experiencia me pusieron ahí y me ayudaron a alcanzar los objetivos marcados gracias también a lo que había aprendido y compartido con jefes y compañeros. Ellos no sólo no me dejaron sola, sino que no dejaron que me sintiera sola. Por eso valoro tanto el trabajo en equipo, por las personas, porque ellas hacen que disfrutes del día a día, porque te hacen darte cuenta de lo que a ti se te pasa y porque ven en ti lo que tú no aprecias.

Hace poco un buen jefe, que siempre estuvo ahí para ayudar y sacar todo adelante, me regalaba una frase de Mark Twain: “Aléjate de la gente que trata de empequeñecer tus ambiciones. La gente pequeña siempre hace eso pero la gente realmente grande te hace sentir que tú también puedes ser grande”. Entonces pensé que era buen momento para reivindicar a las personas como el motor de los trabajos. 

Cuando era la pequeña en la radio y las revistas, me trataron como una más y no como la becaria, la última en llegar o la que menos experiencia tenía. Me animaron a implicarme y eso es algo que he intentado aplicar cuando me ha tocado gestionar equipos, algo que creo que no se me da mal porque sé valorar lo importante, a las personas. Y supongo que no descubro nada nuevo si digo que no se consiguen los objetivos y nada funciona, si la relación con tu entorno no fluye.

Eso es lo que hay que conseguir, que todo fluya. ¿Cómo? En mi caso, estas son y han sido las claves que me han ayudado a llegar a objetivos con mis equipos:

1- Empatía: conocer a tu gente y ponerte en su piel. Todo el mundo tiene días buenos y malos, por eso, hay que saber hasta dónde exigir, cuánto dar y cuánto pedir, cuándo parar, cuándo orientar, cuándo dejar y cuándo estar… Porque a veces, simplemente hay que estar y escuchar. Una sonrisa o un qué necesitas a tiempo valen mucho.

2- Generosidad y confianza: en el trabajo no sólo debemos dar, sino que también necesitamos recibir. Para querer seguir aportando, no todo es el sueldo, también es el salario emocional, esos detalles que demuestran que la otra parte nos valora y confía en nosotros. Y no se trata de palmaditas en la espalda, sino de dar tiempo y espacio, y de ofrecerte a ayudar aunque no se atrevan a pedírtelo.

3- Formación: una de las cosas que más valoro de un trabajo es lo que aprendo en él y mi máxima ambición es siempre seguir creciendo. Por eso intento aportar lo que sé y enseñar todo lo que puedo.  De qué sirve guardarte secretos y no dar lo que tienes. A dónde pretendes llegar si no formas a los que trabajan contigo.

4- Sinceridad y responsabilidad: igual que no sirve de nada guardarte lo que sabes, no sirve de nada no contar la verdad y prometer cosas que no puedes cumplir. Si quieres que te sigan y te ayuden a conseguir los objetivos marcados, tienes que ser y dar ejemplo, que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

5- No siempre lo urgente es lo importante: saber marcar prioridades es fundamental, así que no dejes solas a las personas y oriéntalas sobre lo que es importante y lo que no.

Vamos, que no somos nadie sin los demás. ¿Cómo lo ves tú?

 

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