El poder de las personas en la red, por Pablo Herreros

El poder es de las personasSigo a Pablo Herreros en Twitter desde hace mucho tiempo, por su activismo social y su pasión por la comunicación. De hecho, su blog Comunicación se llama el juego es un lugar que recomiendo para leer, desde la experiencia, sobre buenos y malos ejemplos en periodismo, redes sociales y comunicación en general. Leyéndolo pensé que merecía la pena una entrevista para hablar del social media como una plataforma para cambiar el mundo. Y aquí está, aprovechando que acaba de publicar su libro “El poder es de las personas”.

Por tu experiencia en comunicación off y online ¿por qué recomiendas a las organizaciones que trabajan por el cambio, el desarrollo y la cooperación, el uso de las redes sociales?

Porque la transparencia llegó para quedarse. No estar en las redes no evita que te critiquen: es como ponerte unos auriculares con música a tope para no escuchar qué dicen los clientes de tu marca. Pero, sobre todo daría, recomendaciones en positivo: estar en redes sociales y tener una perspectiva de compartir y comunicarse horizontalmente, lleva a esas empresas que eligen el camino 2.0 a conseguir clientes leales, que además se convierten en embajadores a ultranza de la marca. Hoy las empresas eligen entre resultar indiferentes y ser ignoradas o despreciadas, o formar parte del paisaje mental de la gente y ser un actor más al que respetan y con el que establecen relaciones más firmes que nunca.

¿Por qué crees que deberíamos todos actuar en ellas? ¿En qué crees que pueden ayudarnos a mejorar este mundo en el que nos toca vivir? ¿Qué podemos hacer para demostrar que #sísepuede?

Internet es el pegamento que nos hace poderosos. Nos permite convertir pataletas de barra de bar o charlas de diván en propuestas con poder de cambiar cosas. Las becas Erasmus fueron una petición de Laura Zornoza, que nos la mandó a muchos por Twitter y, en apenas unas horas, provocó un terremoto que consiguió parar una decisión que parecía irrevocable. Lo que inició Elena Alfaro con su petición de que se regule el uso de los libros de texto de forma más social está también siendo debatido en el Congreso. Hay cientos de ejemplos y cada día generaremos nuevos. Eso sí, para que te toque la lotería tienes que jugar: implícate y cree en ello, porque nadie consiguió nunca nada que no hubiera soñado antes. 

¿Por qué optaste tú por actuar en ellas, por el ciberactivismo?

Me implico en cambiar las cosas desde que tengo uso de razón. Crecí en una familia en la que la Política, con mayúsculas, ha estado siempre muy presente. Me revuelven el estómago las injusticias y no soy capaz de quedarme quieto viéndolas. Antes sí, porque el egoísmo de mi vida cómoda no me hacía pensar en dedicar mi mes de vacaciones a irme al Tercer Mundo, así que sólo donaba dinero (que es mucho menos que dedicar tu tiempo). Desde que empecé a aprender de la Red y vi el cariz que ésta tomaba como herramienta para empoderarnos a mover el mundo, cambié: me resultaba mucho más fácil no dejar mi vida y dedicar ratos a colaborar en movimientos ciudadanos en internet. He participado en todas las causas que he podido y me han motivado. La diferencia es que hoy todos somos activistas porque todos tenemos alguna razón para serlo. Y mañana seremos más, porque además habremos seguido viendo cómo nuestro pequeño granito de arena sí mueve las cosas. 

Desde tu experiencia y punto de vista ¿qué te ha aportado la implicación social en redes sociales?

La implicación social en causas de activismo es una forma gigante de placer: haces algo bueno y ello te reporta una recompensa emocional inmensa, no comparable con casi nada. Además te da amigos, alegrías (y alguna preocupación, pero las menos) y te permite crecer y entender mejor lo privilegiada que es tu vida. El único problema que tiene el tema es que a veces te genera mucha pérdida de tiempo leerte causas que te mandan y distinguir el trigo de la paja (a veces pierdes 15 minutos en leer patrañas de gente que quiere vender su burra metida en un tema solidario). También tienes menos tiempo y dinero del que te gustaría, y frustra tener que elegir porque siempre es injusto. Pero el colaborar en causas sociales es un regalo, no para quien recibe la colaboración sino para quien la da.

Por último ¿cuál crees que ha sido la campaña más útil y llamativa, grande o pequeña, que ha aportado cambios reales?

Ha habido muchas buenas y es difícil comparar. Pero me gusta mucho la que se hizo para salvar a David Reboredo, cuya vida iba a ser truncada después de haberse recuperado completamente de sus problemas; o la del 112, porque iban a quitar un helicóptero que atiende a toda la sierra Norte de Madrid y consiguieron que no se quitase; o la de Médula para Mateo, cuyos padres han hecho más por la donación de médula en unos meses, que los políticos en toda la historia de nuestra democracia.

La de La Noria, que yo inicié y cientos de miles seguisteis, fue decisiva, aunque falta que termine de cuajar el cambio que proponíamos: que las televisiones se comprometan a no volver a pagar a ningún implicado en crímenes graves por hablar de sus delitos en platós. Otro ejemplazo es la de Isabel de la Fuente, madre de Cristina del Arce, que murió en Madrid Arena. Ha conseguido que se comprometan a cambiar la ley de espectáculos para que no volvamos a tener una tragedia similar.

 

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